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miércoles, 1 de julio de 2009

Cerdeña: Mar y Montaña

Articulo escrito por Manoli Jimenez

Estábamos deseando tener noticias de Zágara Travel (el nuevo proyecto de la Agencia de Viajes TRINAKRIA TOURS), ya que nuestro anterior viaje con ellos a Sicilia, el año pasado, resultó ser tan equilibradamente perfecto que apenas habiendo regresado, les aseguramos que si en un futuro ampliaban el margen de sus ofertas a otras islas del Mediterráneo nos suscribiríamos sin ambages.
Es por esto que en cuanto nos remitieron un correo donde proponían como nuevo destino la isla de Cerdeña, nos dejamos cautivar por el atractivo señuelo y empezamos a prepararlo todo con la inestimable ayuda de Gianni y Boris.

Vamos a contaros someramente cómo devino, durante una semana, nuestra aventura por Cerdeña. Cabe señalar que hay muchísimos sitios adonde ir, pero debemos limitarnos a lo que dieron de sí siete días a lo largo de un itinerario que, de entre las múltiples posibilidades viables, elaboramos teniendo en cuenta nuestras preferencias y gustos sin renunciar por ello al descanso. Esperamos que os animéis a visitar esta isla maravillosa y que os sirvan de algo los consejillos que os podamos dar.





El aeropuerto de Alguero es pequeño, así que no tuvimos ningún problema para recoger el coche de alquiler. Nuestro primer alojamiento estaba al lado de Oristano, y como teníamos una hora de camino por la autovía, preferimos hacer el viaje por la costa hacía la localidad de Bosa. La profusión de acantilados, de playas y el paisaje en definitiva nos obligaba a detenernos de continuo para contemplarlo en su plenitud, para respirar la brisa fresca del mar que se extendía hasta el horizonte, fundiéndose su azul limpio con el del cielo. Bosa Marina es una pequeña población colmada de restaurantes y locales de ocio con aspecto de alcanzar su apogeo al caer la noche. Después de pasear un rato por las inmediaciones, volvimos a ponernos en ruta y decidimos visitar las ruinas de Tharros que se hallan en un escenario privilegiado para la vista, en la mismísima península de Sinis, con su playa coronada con esas características torres de defensa que parecen estar allí erigidas para garantizar que cada atardecer siga siendo un espectáculo sin igual.



De camino pasamos por un pueblo llamado San Salvatore, pequeña villa atestada de minúsculas casitas donde sin duda destaca su iglesia, construida sobre los restos de un templo romano que ya antes lo había sido para los habitantes originales de la isla, los nuragues. Nos adentramos a través de las callejuelas desérticas que en otro tiempo sirvieran de escenario para el rodaje de los míticos spaghetti western, y nos pareció un lugar pintoresco y singular. Decidimos tomar un descanso dentro del bar, el único del pueblo porque probablemente no quepa otro más, y contemplamos las fotografías que decoraban sus paredes, donde aparecían retratadas diferentes celebraciones de la Carrera de los Descalzos, una tradición que lleva a los jóvenes del pueblo, ataviados con un ropón blanco y descalzos, a correr el trayecto que va desde la localidad de Cabras hasta San Salvatore portando una imagen del patrón recreando así un episodio acaecido durante la ocupación musulmana.
Después de la breve pausa partimos rumbo a nuestro alojamiento, en casa de los Perra (Agriturismo S'Omu). Aquí sin lugar a dudas, el trato fue increíble, y es que aún con el equipaje a cuestas, los anfitriones nos hicieron sentir como en casa. Nos quedamos a cenar con ellos porque el tiempo se nos había echado encima y, en cualquier caso, comer en un Agroturismo siempre es una buena opción. No os podéis imaginar la cocina típica de Cerdeña que nos prepararon estos señores ni podríamos decir si fueron cuatro o cinco platos… Pero vaya si cundió la velada con Bernardette y Maximino; la charla fue larga y amena y a última hora de la noche tuvimos que rogar a Maximino que no sacara más vino porque al día siguiente no habría quien nos levantara. Excelentes personas.
Después de desayunar nos encaminamos a ver el yacimiento del Nuragui Su Nuraxi, situado en Barumini. En este, que es el mayor de la isla y Patrimonio de la Humanidad, se accede en compañía de un guía formado que desvelará al visitante la historia y los intrincados recovecos del asentamiento. Hay que considerar que este es el Nuragui más interesante, y que por sus características dará una idea general de lo que hubo en su día en esta isla. Casi todos los demás, a quienes no les diga mucho la arqueología, les parecerán poco más que un montón de piedras amontonadas milenios atrás.
Después de la visita no sabíamos donde ir a comer, pero desde luego, quedaban descartados los restaurantes inmediatos al Nuragui porque estaban repletos de turistas. Significa esto que en un lugar como Cerdeña conviene perderse porque cuando uno emerge, acaba descubriendo, como nos sucedió a nosotros, lugares como Barumini. Allí mismo nos aconsejaron el restaurante Sa Lolla, (hay infinidad de restaurantes típicos, pero lo cierto es que los lugareños nos recomendaron este). Sa Lolla es una pequeña finca ajardinada con un comedor precioso donde se sirven especialidades típicas a un precio razonable.


Por la tarde nos desplazamos hacia la Costa Verde, donde con toda seguridad experimentamos, prematuramente, el instante culminante de todo el viaje por la belleza ilimitado del sitio y por la historia en sí de todo lo que lo rodea. Llegamos a Montevecchio, un pueblo minero abandonado a partir de donde cabía la posibilidad de tomar una de las dos rutas que conectan el pueblo con la playa de Piscinas… Adrede tomamos la peor, una arteria irregular y sin asfaltar que a lo largo de unos 10 kilómetros discurre monte a través con todos los inconvenientes derivados pero que desde luego, merece la pena, porque de súbito empezaron a sucederse las poblaciones mineras abandonados con sus campanarios, sus hospitales, los yacimientos y todas las infraestructuras que en su momento dieran cabida a más de 20.000 personas que de la noche a la mañana, cuando el carbón dejó de ser rentable y se cerraron las minas, abandonaron aquel lugar que ahora es un espléndido ejemplo de arqueología industrial insertado en medio de la naturaleza creciente, de un paisaje increíblemente verde que poco a poco se difumina sobre unas dunas de arena fina que al fin desembocan en una playa enorme y desértica que parece extirpada del Paraíso.
Más tarde estuvimos también en Oristano, una pequeña ciudad con un centro peatonal vivificado con algunos bares y restaurantes y un museo arqueológico con diversas piezas procedentes de las ruinas de Tharros así como de la cultura de los nuraguis y de sus sucesores: fenicios y romanos.




Al día siguiente llegamos hasta Dorgali, donde estaba nuestro siguiente hospedaje, el agriturismo Canales, enclavado en el corazón del monte, cerca del lago Cedrino y con vistas a una naturaleza recóndita que sólo podrán admirar los privilegiados que allí recalen. A poca distancia se haya el golfo de Orosei y Cala Gonone, que es una pequeña urbe costera ribeteada por varias playas, todas bonitas y con mucho ambiente de pubs y restaurantes y gente deambulando aquí y allá. Desde el espigón se pueden contratar lanchas o barcos para visitar las playas de todo el golfo, actividad cien por cien recomendable que no se debe pasar por alto. Las embarcaciones parten alrededor de las 10 de la mañana y regresan sobre las 18 de la tarde al punto de partida y discurren a lo largo de una infinidad de calas que poco o nada tienen que envidiar a las del Caribe. Además existe como aliciente la opción de pasar por la cueva, inmensa y natural, de Bue Marino, que resulta igualmente inolvidable, casi de lo mejor del viaje. En la población de Dorgali se puede contactar con algunas de las cooperativas excursionistas y visitar Tiscali, que es un pueblo Nuragui dentro de una cueva, pero para ello es preciso contratar un guía local y experimentado porque está situada en el monte y la posibilidad de perderse es casi segura. Además, en el mismo agriturismo también se ofertan paquetes de excursiones con Kayak por el lago y un sinfín de actividades que hacen aún más breve el período vacacional.



Sintiéndolo mucho tuvimos que dejar el Golfo de Orosei y desplazarnos hacia Olmedo, un pueblo al lado de Sassari y a unos 14 kilómetros de Alguero, donde teníamos que pasar nuestros tres últimos días del viaje. El agriturismo I Vigneti es una hacienda moderna y espaciosa que dispone de todas las comodidades (aunque no tiene el encanto de las fincas típicas) que uno pueda imaginar y está regentado además por unas chicas dispuestas a ayudar al inquilino en todo lo posible.
Fuimos a Alguero, una pequeña ciudad con un precioso casco antiguo amurallado que contiene, como un secreto, un ambiente turístico bullicioso y singular. Desde el puerto se pueden contratar también excursiones para visitar todas las playas del golfo y llegando hasta Capo Caccia, pero todo esto dependerá siempre de las apetencias y, cómo no, del bolsillo del viajero. También se pueden visitar las playas por cuenta propia y con el coche. Estas playas son preciosas y hay de ellas una infinidad, como Porta Negra o le Bombarde.



Como esperábamos, Cerdeña ha resultado ser un excelente destino por la variedad de ofertas disponibles y porque por alguna razón la puso ahí, en medio del Mediterráneo quien la puso, y como sucede cuando las cosas van rodadas sólo tiene un inconveniente: que provoca gran adicción.



2 comentarios:

  1. Oye la foto de la mariposa es vuestra??? es una caña!!!

    Joer así da gusto..

    Os hace un viaje a Transilvania para el Pilar??estoy organizando uno con mi hermana...

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  2. La Foto de la Mariposa es de la chica que escribió este diario de viaje, Manoli, a que es bonita?

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